Nuevo libro: En pie contra la Deuda Externa

Martes 6 de mayo de 2008
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Campañas, demandas e impactos del movimiento contra el endeudamiento del Sur

El movimiento contra la deuda externa ha sido uno de los actores de protesta más importantes contra la globalización neoliberal desde mediados de los años 80 hasta nuestros días. Un movimiento del Sur al Norte que ha puesto en el centro de la agenda política la cuestión del endeudamiento de los países del Sur y sus consecuencias en las poblaciones de estos países. Un movimiento amplio y plural que ha sido clave en el impulso y el fortalecimiento del movimiento altermundialista. En este libro se analizan los principales actores a nivel internacional y en el Estado español: sus antecedentes, sus demandas, las acciones llevadas a cabo, el desafío a las instituciones internacionales y sus vínculos con el movimiento altermundialista, para acabar señalando sus impactos políticos y sociales y las perspectivas de futuro que enfrenta.

Esther Vivas
El viejo topo, 2008
Con prólogo de Eric Toussaint y epílogo de Gemma Tarafa

Introducción

El movimiento contra la deuda externa ha sido uno de los actores de protesta más importantes contra la globalización capitalista, desde mediados de los años 80 hasta la actualidad, período en el cual las movilizaciones contra la deuda y las políticas impuestas por el Banco Mundial (BM) y el Fondo Monetario Internacional (FMI) han sido una constante en el escenario de la protesta internacional. Éste movimiento ha abarcado a un amplio abanico de organizaciones, redes y movimientos sociales, tanto del Sur como del Norte, quienes, desde distintas perspectivas políticas e ideológicas, han denunciado el yugo que significa el pago de la misma.

Un movimiento amplio y plural, que ha puesto en el centro de la agenda política la cuestión del endeudamiento de los países del Sur y sus consecuencias en las poblaciones de estos países, y en el que es importante destacar aquellos actores que con una perspectiva radical y transformadora no sólo han exigido la cancelación total de las deudas sino la ilegitimidad y el repudio de las mismas y el reconocimiento de una deuda social, ecológica e histórica de las potencias del Norte con los pueblos del Sur, resultado de siglos de expolio y opresión.

El movimiento contra la deuda ha sido clave en el impulso y el fortalecimiento del movimiento altermundialista , especialmente por parte de aquellas redes más radicales que vieron en él la posibilidad de cambiar, colectivamente y de raíz, el sistema económico, social y político generador de opresión y de desigualdades. Unos actores antideuda que apostaron, desde un principio, por trabajar en el seno del movimiento altermundialista y combatir a las instituciones internacionales, a la vez que impulsaron el proceso de los foros sociales mundiales y regionales junto con otros movimientos sectoriales. De este modo, debemos de reconocer el trabajo realizado por redes como Jubileo Sur, el CADTM y la RCADE, quienes apostaron por la abolición total de la deuda externa y por el descarrilamiento de las instituciones internacionales que la sustentan, en alianza con el movimiento altermundialista.

Con este libro, nos proponemos dar a conocer los principales actores del movimiento contra la deuda a escala internacional y estatal, sus orígenes, evolución histórica, objetivos, demandas, repertorio de acciones, estrategia de presión política institucional, alianzas con otros movimientos…, así como su vinculación con el movimiento altermundialista y los logros e impactos que han conseguido tanto a nivel interno como externo.

En el primer capítulo, se analiza la interrelación entre el movimiento contra la deuda externa y el movimiento altermundialista, desde sus orígenes hasta el período actual, y cómo el primero ha contribuido al auge y al fortalecimiento del segundo. De hecho, los actores más radicales del movimiento contra la deuda externa han sido, junto con otros colectivos sectoriales (mujeres, campesinos, trabajadores…), uno de los pilares del movimiento altermundialista y han contribuido, desde los inicios, a la construcción del proceso de los foros sociales mundiales y regionales.

En el siguiente apartado, analizamos el movimiento contra la deuda externa a nivel internacional: sus orígenes, los principales actores, sus demandas, las acciones llevadas a cabo, el desafío al G8 y a las IFI, su aportación a los foros sociales, las alianzas realizadas y un resumen de las experiencias de las principales campañas en África, Asia y América Latina. Se trata de analizar la evolución del movimiento a escala internacional para dar a conocer el cómo han surgido las distintas tendencias y perspectivas políticas en su seno, qué diferencias hay entre unas y otras, qué implicaciones tienen sus posicionamientos (a favor de una cancelación parcial o total de la deuda, con o sin condicionalidades, a favor o en contra del reconocimiento de una deuda ecológica, social e histórica, etc) y cuáles han sido sus acciones y demandas respecto a las IFI y al G8 en un período de auge de la movilización contra la globalización capitalista. Para acabar, nos centramos en plantear los debates actuales en el seno del movimiento contra la deuda, el proceso de convergencia entre las distintas tendencias y perspectivas políticas que se ha dado en los últimos años y su contribución al fortalecimiento del movimiento a escala global.

En el tercer capítulo presentamos los actores contra la deuda en el Estado español, su evolución histórica, las demandas realizadas, la estrategia de presión política institucional, el trabajo en el seno del movimiento altermundialista, entre otros. Nuestro objetivo es dar a conocer las principales organizaciones y campañas contra la deuda en el Estado, sus vínculos con otros movimientos sociales y sus demandas específicas, entendiendo que no se trabaja de la misma manera ni con los mismos aliados al defender la condonación parcial de la deuda de los países más pobres (postura de la Campaña DEDE, Intermón Oxfam y sus sucesores) o cuando se aboga por la anulación total y la ilegitimidad de la misma (postura de la RCADE y ¿Quién debe a quién?). Finalmente, ponemos de relieve la situación actual del movimiento y los logros conseguidos como la aprobación de una Ley reguladora de la deuda externa, aunque muy distante de la propuesta inicial del movimiento, y las últimas acciones como el Tribunal Internacional de la Deuda o la Semana de acción global contra la deuda.

El cuarto capítulo aborda los impactos políticos y sociales del movimiento internacional contra la deuda externa. Después de más de diez años de movilizaciones y protestas, ¿se han obtenido resultados concretos del lobby a las IFI y al G8? ¿Qué se ha conseguido con la movilización en la calle? ¿y la respuesta de los medios de comunicación? ¿Qué impactos se ha tenido en la opinión pública? ¿Y en el seno del movimiento altermundialista? Éstas son algunas de las preguntas a las que responde este capítulo, a la vez que pone sobre la mesa los principales debates estratégicos entre las distintas corrientes del movimiento antideuda, las alianzas establecidas con otros actores, las perspectivas de futuro y los retos que tiene por delante.

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?ndice del libro: En pie contra la Deuda Externa

Entrevista con Esther Vivas, investigadora del IGOP

En pie contra la deuda externa

Por: Salvador López Arnal, Rebelión

Activista, ensayista, Esther Vivas es una reconocida militante del movimiento antiglobalización y una destacada investigadora del IGOP- Universitat Autónoma de Barcelona, además de miembro del consejo de redacción de la revista Viento Sur. Entre sus ensayos más recientes destacan Supermercados, no gracias y En pie contra la deuda externa, este último de muy reciente publicación en Los libros de El Viejo Topo. La entrevista se ha centrado en la situación del movimiento altermundialista, en su valoración de los movimientos por la condonación de la deuda externa, en la reciente celebración del Foro Social catalán y en temas relacionados con una aspiración tan repetida como urgente y necesaria: “Otro mundo es posible”.

Acabas de publicar un libro sobre el movimiento contra la deuda -En pie contra la deuda externa (El Viejo Topo, 2008)- en el que señalas que este movimiento ha sido uno de los actores de protesta más importantes contra la globalización neoliberal desde mediados de los años 80 hasta nuestros días. ¿Que aspectos te parecen más destacables de este movimiento ciudadano?

El movimiento contra la deuda externa a nivel internacional ha abarcado a un amplio abanico de organizaciones, redes y movimientos sociales, tanto del Sur como del Norte, quienes, desde distintas perspectivas políticas e ideológicas, han denunciado el yugo que significa el pago de la deuda. Éste ha sido un movimiento amplio y plural, que ha puesto en el centro de la agenda política la cuestión del endeudamiento de los países del Sur y sus consecuencias en las poblaciones de estos países. Entre sus actores, cabe destacar aquellos con una perspectiva radical y transformadora -como Jubileo Sur, el CADTM, la RCADE y ¿Quién debe a quién?- que no sólo han exigido la cancelación total de las deudas sino la ilegitimidad y el repudio de las mismas y el reconocimiento de una deuda social, ecológica e histórica de las potencias del Norte con los pueblos del Sur, resultado de siglos de expolio y de explotación.

Además, el movimiento contra la deuda ha sido clave en el impulso y el fortalecimiento del movimiento “antiglobalización”, especialmente por parte de aquellas redes más radicales que vieron en él la posibilidad de oponerse colectivamente a la globalización capitalista. Estos actores antideuda apostaron, desde un principio, por trabajar en el seno del movimiento “antiglobalización” y combatir a las instituciones internacionales, a la vez que impulsaron el proceso de los foros sociales mundiales y regionales junto con otros movimientos sectoriales.

¿Qué valoración haces de la defensa de la condonación parcial de la deuda de los países más pobres, la postura que creo defiende, por ejemplo, Intermón Oxfam?

Se trata de posturas gradualistas y posibilistas que aceptan la legitimidad de una deuda contraída por medios autoritarios e irregulares y dicen “sí” a las condicionalidades impuestas por el Banco Mundial y el FMI a cambio de disminuir una ínfima parte de esta deuda. Unas condicionalidades que ocultan tras sí más privatizaciones, más libre comercio, más apertura económica… de los países del Sur. Cuando estas campañas afirman que se trata de “hacer sostenible” la deuda, yo me pregunto: ¿dónde está la sosteniblidad de una deuda inmoral e ilegitima? La deuda no es nada más que un instrumento de dominación político y económico Norte-Sur.

Las instituciones internacionales y los gobiernos del Norte han anunciado, a lo largo de estos años, la cancelación de parte de las deudas de estos países, con el visto bueno y el beneplácito de las organizaciones más moderadas, pero el análisis detallado de estas promesas nos lleva a denunciar la farsa de sus compromisos. Esta contradicción entre promesas y realidad, pone de relieve el objetivo de los países del G8 y de las instituciones internacionales en mantenerse como acreedores de esta deuda. Su objetivo es continuar imponiendo las políticas neoliberales y mantener un mecanismo permanente de transferencia de riqueza del Sur a los capitalistas del Norte. Los países que ocupen una posición geoestratégica relevante o que se muestren más dóciles seguirán recibiendo medidas de reducción de la deuda, pero que no les servirán de nada para liberarse del yugo neoliberal.

Además, estas tácticas gradualistas esconden importantes peligros y pueden funcionar como freno para aquellas que pretenden ir más allá. Por un lado, al centrarse en las instituciones gubernamentales, restan atención, energía y recursos a la movilización de masas en la calle, auténtico caballo de batalla para cambiar la correlación de fuerzas. Otro problema está en las respuestas tácticas de los gobiernos y sus concesiones parciales, maquillándolas convenientemente para que aparenten ser mucho más de lo que son, con el objetivo de desmovilizar y acallar a la opinión pública y a los movimientos sociales. Otro problema de esta táctica de “compromisos” es que desplaza, inevitablemente, a estas campañas al terreno gubernamental, en un marco operativo del lenguaje políticamente aceptable. A pesar de que éstas lo justifican diciendo que esta estrategia arrastra a los representantes institucionales a los objetivos de la campaña, en la mayoría de los casos se da el efecto contrario.

Desde otras posiciones –la postura de la RCADE y de «¿Quién debe a quién?» -se aboga por la anulación total y la ilegitimidad de la deuda. ¿No peca de falta de realismo político esta posición acaso éticamente justificada?

En lo que se refiere al pago de la deuda por parte de los países del Sur, la coyuntura actual es favorable para que sus gobiernos modifiquen la situación y sea posible el desendeudamiento (bajas tasas de interés, alza de los precios de las materias primas…). En la actualidad, un número importante de estos países son acreedores netos de EEUU y de los bancos privados en el Norte y si se lo propusieran podrían reembolsar de facto al FMI todo el dinero que le deben y crear fondos de asistencia para que los otros países en desarrollo, con menos recursos, pudieran también eliminar su deuda rápidamente. Pero los países que tienen en su mano la posibilidad del cambio (China, Rusia, India, Brasil, Nigeria, Indonesia, México y Sudáfrica) no tienen la más mínima intención de llevar a cabo esta estrategia, ya que sus gobernantes son los primeros beneficiados por la implementación de las políticas neoliberales en sus países.

Además, hay que tener en cuenta que estamos hablando de una deuda inmoral e ilegítima desde un punto de vista histórico, moral, ambiental y de derechos humanos y por lo tanto inexistente. En consecuencia, tendría que hablarse de reparación, de restitución y de verdad. La ilegitimidad de la deuda tendría que ponerse de relieve a partir de contextos nacionales y utilizando distintas estrategias, desde auditorías a tribunales populares pasando por una corte internacional y propuestas tales como procesos de arbitraje justos y transparentes. En este sentido, iniciativas como la del gobierno de Rafael Correa en Ecuador, que ha puesto en marcha una Comisión de Auditoría Integral de la Deuda Pública Interna y Externa integrada por representantes de la administración y de la sociedad civil ecuatoriana e internacional con el objetivo de identificar la deuda ilegítima de este país y negarse a su pago, son ejemplos de que es posible decir “no” al pago de la deuda, como hizo en su momento Argentina después de la crisis del 2001.

Por lo tanto, poner fin al yugo de la deuda podría ser una realidad si existiera voluntad política tanto por parte de las élites políticas y económicas de los países del Sur como por parte de las instituciones y gobiernos del Norte.

Lo que es una “falta de realismo político” es considerar “legítima”, “sostenible” y “viable” una deuda que condena a la pobreza a millones de personas en todo el mundo, que genera una expoliación sistemática de los recursos naturales del Sur, la privatización de sus servicios públicos, causa directa de fenómenos migratorios, del calentamiento global y de crisis medioambientales y sociales. Nos quieren hacer creer que lo “sostenible” es la “insostenibilidad” de la deuda.

¿Qué se ha conseguido con la movilización en contra de la deuda? ¿Qué impactos ha tenido en la opinión pública esta lucha?

En el transcurso de estos diez años de movilización contra la deuda en el Estado español, podemos señalar que el movimiento antideuda, con toda su diversidad de objetivos, demandas, estrategias y repertorio de acciones, ha sido capaz de situar en la agenda política la cuestión del endeudamiento de los países del Sur y forzar al gobierno español a una aprobación de una Ley reguladora de la deuda externa, en noviembre del 2006, que, a pesar de sus limitaciones, significa un paso adelante sobretodo en materia de transparencia informativa.

Del mismo modo, la complejidad del endeudamiento externo a nivel económico y financiero no ha sido una traba insalvable para acercar esta problemática a sectores más amplios de la sociedad a través de campañas de sensibilización y de los medios de comunicación.

Hay que señalar, también, como algunos de los actores contra la deuda se han vinculado activamente al movimiento altermundialista y a otras organizaciones sectoriales, permitiendo que éstas últimas asumieran como propias las demandas y análisis sobre la deuda externa, a la vez que los actores antideuda han incorporado a su discurso y planteamientos nuevos enfoques ecológicos, feministas, anticorporativos… en una dinámica de contaminación mutua.

Para leer la entrevista completa ház click aquí…

El ’no’ a la deuda 10 años después

Por: ESTHER VIVAS [1]

El pago de la deuda externa de los países del sur sigue siendo, a día de hoy, un lastre insalvable que condena a la pobreza a centenares de miles de personas. Mañana se cumplen 10 años de una de las mayores protestas contra la deuda, que se llevó a cabo el 16 de mayo de 1998 en Birmingham contra la cumbre del G7 con más de 70.000 personas en la calle. Pero, ¿qué ha conseguido este movimiento internacional?

Las protestas en contra de la deuda se han repetido, con más o menos fuerza, desde mediados de los años ochenta, cuando en América Latina y en África surgieron campañas de masas contra el reembolso de la misma. Estas movilizaciones inspiraron, durante los noventa, la solidaridad de organizaciones del norte que se manifestó en reiteradas ocasiones en motivo de las cumbres de las instituciones internacionales.

Pero no fue hasta la cumbre del G7 en Birmingham, el 16 de mayo de 1998, que se dio un salto cualitativo y cuantitativo en la protesta al sumar a miles de personas a la movilización y al conseguir situar la cuestión de la deuda en la agenda de la cumbre. Desde 1998 hasta 2001 fue el momento de máximo apogeo, en especial coincidiendo con la celebración por parte de la Iglesia católica del año jubilar 2000 y su llamada a «perdonar» las deudas con motivo de esta fecha, así como de la internacionalización de la campaña Jubileo 2000. Una espiral de movilización que arrastró a un amplio espectro político de organizaciones en todo el mundo.

A lo largo de estos 10 años, las protestas contra la deuda consiguieron algunos avances, especialmente, en el terreno de lo simbólico y en la percepción que la sociedad tenía de este problema. En los países acreedores, se difundieron las causas y las consecuencias de su pago y los vínculos con la pobreza. Mientras que en los países deudores, se puso énfasis en la responsabilidad de las instituciones internacionales en la generación y el mantenimiento de esta deuda.

En el ámbito del movimiento, colectivos de mujeres, campesinos, ONG incorporaron a sus demandas la cancelación de la deuda, mientras que las campañas antideuda añadieron a sus reivindicaciones nuevos enfoques ecologistas, feministas, contra las multinacionales… en una dinámica de contaminación mutua y fruto de su encuentro en el seno del movimiento altermundialista.

Sin embargo, en el terreno institucional, más allá de situar la cuestión de la deuda en la agenda política, los cambios conseguidos fueron muy pocos. Si analizamos, por ejemplo, las promesas de condonación de los países del G8, podemos afirmar que éstas no han sido nada más que una estrategia de limpieza de imagen. En la cumbre de Colonia, en junio de 1999, los jefes de gobierno se comprometieron a anular el 90% de la deuda bilateral y multilateral de los 42 países más endeudados, pero, finalmente, las cifras reales tan solo equivalían al 3% de la deuda total de los países del sur.

Es a partir del análisis de estas cifras que se observa la dificultad para conseguir medidas reales. El impacto político se ha limitado al terreno de lo simbólico, del descrédito y del debilitamiento de los acreedores tanto del G8 como de las instituciones internacionales.

En el Estado español, a finales de 2006 y después de más de un año y medio de trámite parlamentario, el Congreso de los Diputados aprobó una ley reguladora de la gestión de la deuda que, aunque suponía una mayor transparencia, se quedaba muy por detrás de las demandas del movimiento que exigía, por ejemplo, la corresponsabilidad del gobierno en la generación de la misma.

En América Latina hay que destacar la estrategia del Gobierno de Rafael Correa en Ecuador para tomar medidas que frenen el pago de la deuda, repudiando aquella considerada como ilegítima. Con este objetivo se ha creado una Comisión de Auditoría Integral de la Deuda Pública Interna y Externa, formada por representantes de la administración del Estado y de la sociedad civil ecuatoriana e internacional.

El pago de la deuda sigue siendo, a día de hoy, un instrumento de dominación del norte respecto al sur. Estos países han reembolsado casi 10 veces el monto de 1980 y aún así se encuentran cinco veces más endeudados. Acabar con el yugo de la deuda es hoy más urgente que nunca.


[1] Esther Vivas es autora de En pie contra la deuda externa (El Viejo Topo, 2008).